Cuando tu apellido es tu marca

Con un tejido empresarial conformado en más de un 85% por empresas familiares, estas se constituyen en importantes factores de desarrollo económico, social y de generación de oportunidades ilimitadas.  Su vocación a largo plazo se traduce en una visión menos corto plazista y en un compromiso más fuerte con el futuro y prosperidad nacional.

Las empresas familiares crean raíces fuertes, legados y activos que se traspasan por generación. Pero uno de estos patrimonios más valiosos y únicos para cada negocio son su reputación e imagen. Más cuando el apellido es la marca.

Esta demostrado que el buen nombre es fundamental para mantener la solidaridad y unidad familiar, al tiempo de mantener vivo y rentable el negocio. En muchos casos este endoso es instrumental para ganar la confianza y la lealtad de las audiencias.  Hay apellidos que abren todas las puertas. Otros menos afortunados, puede que hagan que estas se clausuren para siempre.

Los negocios familiares se establecen para pasar a la próxima generación y sirven como fuente de honra. En el país sobran las marcas familiares que nos llenan de orgullo, se han ganado la admiración, lealtad y favor de sus audiencias con un accionar apegado a la ética y buenos valores.  Su storytelling se convierte en parte de la historia nacional, especialmente cuando a los miembros de la familia los guía un sentido de construcción de una mejor nación y bienestar colectivo por encima de un favorable reconocimiento o rentabilidad.

La reputación es una víctima de pequeños errores y grandes metidas de pata, en el caso de la empresa familiar estos pueden ser catastróficos. La reputación forma parte de un conjunto de intangibles que la mayoría de las entidades simplemente no le prestan suficiente atención como son la imagen, el gobierno corporativo, las comunicaciones o gestión de crisis. Solo las recordamos cuando las cosas se ponen difíciles.

Como en toda institución, la reputación se auxilia en las comunicaciones efectivas y eficaces.  No hay lugar para las estrategias de avestruz por las cuales los directivos esconden sus cabezas en la arena como sucede con demasiada frecuencia en las empresas familiares.

Mantener un perfil bajo y callar para no llamar la atención ya no es una opción. Solo basta Googlear el nombre para construir una imagen basada en la información que se recibe y percibe.

La reputación no se trata solo de hacer que su negocio o familia se vea bien. Se trata de garantizar que su ambas sobrevivan, continúen creciendo y desarrollándose. Lograr el efecto “Cheers”, que todos conozcan tu nombre y se sienta contentos al verte llegar, debe ser la prioridad de toda entidad no importa tamaño o formato, más cuando la marca lleva tu nombre.

Autor:  Lara Guerrero

 

 

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